El problema ya no es solo qué comparte un menor en Internet, sino también qué pueden crear otros utilizando su identidad. Una fotografía puede convertirse en una imagen manipulada, una voz en un audio falso y un perfil en el punto de partida para hacerse pasar por otra persona. La evolución de las herramientas digitales está dando al ciberbullying más capacidad para alterar, fabricar y distribuir contenido contra la víctima, incluso cuando ese contenido nunca existió originalmente.
Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, ESET, compañía líder en ciberseguridad, pone el foco en cómo la tecnología está ampliando las posibilidades del ciberacoso y en la necesidad de adaptar también las medidas de prevención y respuesta.
Los últimos datos disponibles en España reflejan esta evolución. El VIII Informe de prevención del Acoso Escolar de Fundación ANAR y Fundación Mutua Madrileña señala que la inteligencia artificial ya aparece en el 23,5% de las situaciones de ciberbullying conocidas por los estudiantes, frente al 14,2% del curso anterior. El mismo estudio revela que el 22,8% de los casos se prolonga durante más de un año.
“En un contexto de ciberbullying, un deepfake no necesita ser perfecto para resultar dañino. Es suficiente con que parezca creíble durante el tiempo necesario para empezar a circular y generar dudas sobre la víctima. Además, herramientas que hace unos años podían requerir ciertos conocimientos técnicos son ahora mucho más accesibles y permiten generar o manipular contenido con unas pocas instrucciones, algo que reduce también la barrera de entrada para los propios menores”, explica Josep Albors, responsable de Investigación y Concienciación de ESET España. “No obstante, esta es solo la punta del iceberg, porque la tecnología está abriendo otras nuevas vías para atacar, exponer o perjudicar a otros en Internet”.




