Analizar los precios de la competencia, detectar tendencias o estudiar conversaciones en redes sociales en cuestión de minutos. El web scraping permite convertir grandes cantidades de información publicada en Internet en datos útiles para las empresas, pero esa misma capacidad de recopilación automatizada también puede ser aprovechada por los ciberdelincuentes para obtener información sensible y preparar ataques mucho más dirigidos.
El web scraping es una técnica automatizada de extracción de datos que puede utilizarse como parte de tareas de inteligencia de fuentes abiertas u OSINT (open-source intelligence). Mediante herramientas, extensiones o bibliotecas de software, permite recopilar y analizar información procedente de páginas web, plataformas de comercio electrónico o redes sociales.
En el ámbito empresarial, algunas de sus aplicaciones más habituales incluyen el seguimiento de precios y productos de la competencia, el análisis de contenido y conversaciones en redes sociales, la identificación de tendencias o el seguimiento de noticias relevantes para un determinado sector. ESET, compañía líder en ciberseguridad, advierte, sin embargo, de que las mismas técnicas pueden emplearse para recopilar información personal, credenciales expuestas, datos corporativos o cualquier otro contenido que posteriormente pueda utilizarse en campañas de fraude o ingeniería social.
El creciente valor de este tipo de información también se refleja en el mercado. Según Grand View Research, el segmento global de datos alternativos obtenidos mediante web scraping alcanzó los 2.538,9 millones de dólares en 2025 y se estima que crecerá a una tasa anual compuesta del 36,9% hasta 2033.
Que esté en Internet no significa que pueda utilizarse sin límites
El web scraping no es ilegal por sí mismo. Su encaje legal depende, entre otros factores, de qué información se recopila, con qué finalidad, cómo se trata posteriormente y qué normativa resulta aplicable. Extraer determinados datos accesibles públicamente puede ser legítimo en algunos contextos, pero la situación cambia cuando entran en juego datos personales, contenidos protegidos por propiedad intelectual u otras restricciones legales o contractuales.




