Una transferencia bancaria, una reserva de hotel, una devolución, una conversación de WhatsApp o incluso la autorización de un superior. Las capturas de pantalla se han convertido en una forma habitual de demostrar que algo ha ocurrido en el entorno digital. Sin embargo, confiar únicamente en ellas entraña cada vez más riesgos.
ESET, compañía líder en ciberseguridad, advierte de que las herramientas actuales de edición y generación de imágenes permiten modificar o crear desde cero capturas falsas cada vez más convincentes. El problema es que una captura únicamente muestra una imagen de lo que supuestamente apareció en una pantalla, pero no permite comprobar por sí sola quién la creó, si ha sido manipulada o si la operación que refleja llegó realmente a producirse.
“Nos hemos acostumbrado a aceptar una captura como confirmación de que un pago se ha realizado, una reserva existe o una conversación tuvo lugar, pero hoy esa confianza puede jugar en nuestra contra”, explica Josep Albors, responsable de Investigación y Concienciación de ESET España. “La proliferación de los deepfakes y de otras herramientas de manipulación y generación de imágenes permite crear capturas falsas cada vez más convincentes y difíciles de identificar a simple vista”.
Del justificante de pago falso a las estafas de inversión
Uno de los ejemplos más habituales puede producirse en las plataformas de compraventa de segunda mano. Un supuesto comprador envía al vendedor una captura que aparentemente confirma que ha realizado una transferencia y le insta a enviar el producto. Sin embargo, el dinero nunca llega porque el justificante ha sido manipulado.




